Saturday, December 12, 2009

Bitácora Caminante - Tailandia, Parte I

18/01/06
Bangkok, Tailandia

Capital = Capitalismo = Caca

Luego de tantas idas y vueltas, estamos finalmente aquí, en reino tailandés. Después de haber pasado todo un día y una noche entera en esta ciudad, he llegado a unas conclusiones: la primera es que donde sea que haya amontonamiento incontrolable (e indeseable para quien escribe) de gente, saldrán a flote las mejores/peores virtudes que nos destacan a nosotros, seres humanos, sobre el resto de nuestros colegas del reino animal - diversión, entretenimiento, ruido, polución, contaminación, inseguridad, alboroto, lujuria, oferta, demanda, suciedad... descontrol.
Lo que me lleva a una segunda conclusión: Babylon, es decir, Babel, la cumbre de las lenguas y las nacionalidades, es todo; Babylon se llama Bangkok, Tel Aviv y Buenos Aires. Babylon es que y quienes nos rodean, Babylon se respira y se vive, imperceptible y a la vista; Babylon se compra, se negocia y se vende, recontra usado, en bolsita nueva. Siempre y cuando pague uno y lleve dos, compre hoy y pague mañana, ponéte doble forro y sale con fritas; no puedo darme el lujo de hacerme el gil, el desentendido: soy parte!
Puedo aislarme o bien puedo pagar 400 bat para ver a una poco valorada mujer tailandesa sacar gilettes de su sexo; pero debo saber y, por sobre todo aceptar, que sigo siendo parte.

Luego de toda una mañana llena de paseos y aventuras por demás, he llegado a otras conclusiones. Primero, resulta más ventajoso, en la mayoría de los casos cuando uno viaja, identificarse como argentino que como israelí. Segundo, nunca confiar en nadie - ni siquiera en tu instinto, si este te indica que puedes confiar en alguien. Al parecer, hay una ley que no conoce idiomas ni fronteras, ni razas ni credos: la ley del chamullo. Si señores, el chamullo, ese que los argentinos creemos nuestro por excelencia, ese que es nuestro hijo pródigo, ese para el cual creemos que no hay como nosotros; bueno, no. Ese juego lo juegan todos. Aparentemente está en la naturaleza del hombre (por lo menos el hombre moderno) querer cagar al que entiende menos y, como argentino y conocedor del lado obscuro humano, debería haber estado mejor preparado.

Volviendo a la experiencia de la noche anterior, sólo puedo sentirme mal conmigo mismo al haber tomado parte en la misma, si bien debo decir que era necesario verla para comprender los niveles de denigración a los cuales puede un ser humano someter, y someterse, con el afán de sobrevivir o sumar unos verdes más. Un grupo de desaforados turistas australianos, enmergidos en su viaje de alcohol, festejaban enardecidos cada proeza que una joven local llevaba acabo con su vientre: fumar un cigarrillo, escribir sobre una hoja, disparar pelotitas de ping pong y embocarlas en un vaso... y las ya mencionadas gilletes. Con Roy nos mirábamos anonadados, asqueados, culpables por ser testigos de su humillación... no había ningún signo de deleite en la cara de esta muchacha. Nos preguntábamos si habíamos hecho bien en concurrir al evento, que durante todo el día nos habían querido vender a cada paso del Kao San Road, la calle principal de hosterías en el centro de Bangkok. El evento es parte fundamental de lo que los locales llaman Patpong Night Market (Mercado Nocturno Patpong), al cual los turistas, hombres y mujeres, atienden en numerosa concurrencia.
No nos costó mucho decidir abandonar la ciudad cuanto antes.



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