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Friday, December 4, 2009

De dónde vengo y adónde voy?

Contrariamente a muchos porteños, el Idishe Corleone siempre tuvo en claro que la Argentina se expandía mucho más allá de los límites de la Panamericana. De igual manera, gracias a un excepcional verano compartido con un amigo de la infancia y su familia en el pequeño pueblito de Neptunia, ubicado en el departamento de Canelones, Uruguay; entendió el entonces crío de tan sólo 12 años, que también había un mundo que se expandía mucho más allá del Río de la Plata y su país natal. Desde aquella oportunidad, comenzó a desarrollar una fascinación por las diferencias y similitudes entre los seres humanos, basadas en costumbres  religiosas y seculares, tradiciones, y todo aquello que le es común a una sociedad o comunidad particular, debido a las herencias inherentes que tenemos al nacer en un determinado tiempo y espacio.
Quizá esa misma experiencia, haya sido el disparador del desarrollo de una conciencia universal, es decir, el entendimiento de que más allá de todos aquellos atributos que nos son innatos al nacer y nos hacen "pertencer" a cierto momento y lugar, y que nos distinguen bajo conceptos como nacionalidad, tradición y origen; son, a la vez, meros estatutos que nos hacen tan distintos como parecidos, dentro de un todo llamado raza humana o, como prefiero yo llamarle, humanidad o comunidad humana.

Ya en su adolescencia, esta fascinación por diferentes culturas y lugares, sumadas a la vocación comunicadora del eterno soñador, llevaron al Idishe Corleone a imaginarse un ser evolutivo, siempre en movimiento, siempre adquiriendo experiencias, sumando conocimientos, almacenando saberes, que sólo podrían ser descubiertos a través de una práctica milenaria que nació con el mismísimo primer hombre erguido: el viajar -caminar. Aquél a quien Saulito (Saúl Faustino Cascallar) llamaba "el primo de los simios", es decir, nosotros, el Homo Sapiens, fué en sus principios un caminante de la Tierra, un nómade, un viajero. Y así fué como, desde su nacimiento en el corazón de lo que hoy es África (entonces parte de un único supercontinente llamdo Pangea), el hombre comenzó a hacer uso de aquella única verdad todopoderosa que nos ha brindado la ciencia moderna: todo se encuentra en constante movimiento. Y así fue que caminó, conquistó, se adaptó, y evolucionó en lo que hoy nos divide: razas.
Esas fantásticas y reveladoras charlas con su bisabuelo, de carácter educativo tanto como fantasioso, alimentaron desde siempre el afán de conocer, de ver, de viajar.


One love, one heart, one soul... one world? Imaginar un viaje a pie de Kenia a Argentina era posible.

Siguiendo, pues, con este linaje milenario de caminantes del cual siempre quizo formar parte con gran anhelo, no le costó mucho al Idishe Corleone dejar su país natal para saberse lo que siempre sintió en sus adentros, esto es, que era un animal de cambio, de adaptación: un ser evolutivo estancado bajo títulos, nombres y clasificaciones (porteño, argentino, latino, judío); esperando nacer, esperando hacer lo que, sabía, era su razón en esta Tierra -caminarla. Después de todo, qué mejor manera tiene uno para tratar de comprender quién es, de dónde viene y adónde va, sino a través de un estudio de campo que sirva de base de comparación, es decir, no sólo definirse por lo que uno es (o cree que es), sino también por contraposición a lo que no es. Puesto de una manera vulgar, cómo voy a saber si en verdad no soy chino, si nunca estuve en China. O cómo voy a saber si no soy en verdad un cazador, si nunca he cazado. La verdad personal se encuentra en el intentar, el resto son meras suposiciones.

Y así fue que adoptó un término muy frecuente entre los viajeros, si bien aún una clasificación, se trata de una bien querible, que le cabe a todos y cada uno de nosotros: ciudadano del mundo. Y, en consecuencia, se dedicó a aprovechar cuanta oportunidad tuviera para viajar, caminar, mezclarse, perderse, encontrarse, redefinirse... ser otro, en cada viaje, en cada lugar, sin dejar de ser el mismo, pero nunca igual. Uno muere y nace en cada viaje, y vuelve a nacer luego. Y, a la vez, se hace inmortal; en los ojos de cada persona que uno conoce, para quien siempre seremos aquel individuo, único e irrepetible, que pasó por su camino.

Propongo, entonces, para quien disfrute del viajar y el conocer, una serie de notas y escrituras que el Idishe Corleone ha ido acumulando en un cuaderno de viajes que ha sabido ser testigo y acompañante de diversas aventuras de todo tipo y carácter. Las mismas serán compartidas en futuras entregas a través de este medio, bajo el nombre Bitácora Caminante, cada una con distinción de fecha y lugar en el cual fue concebida.

Tuesday, November 17, 2009

Entendiendo al Idishe Corleone

Me gusta decir que mi vida comenzó de nuevo cuando me fui de Argentina, o cuando llegué a Israel. Si bien se podría aseverar que se trata del mismo evento, yo los tomo como dos acontecimientos distintos, ya que el primero puede ser clasificado en un imaginario grupo A, integrado por todas las personas que abandonaron por propia voluntad su país de nacimiento (tomar nota de "país de nacimiento", contrapuesto con "país de origen"); y el segundo acontecimiento podría pertenecer a un imaginario grupo B, integrado por todas las personas que han adoptado otro país como "su lugar en el mundo". A su vez, el grupo A contiene un subgrupo C, compuesto por quienes abandonaron por propia voluntad Argentina; así como el grupo B contiene un subgrupo D, compuesto por quienes adoptaron a Israel como "su lugar en el mundo". Estos subgrupos pueden bien contener dentro de ellos otros subgrupos y, así, las divisiones podrían ser infinitas. Pero estos dos grupos, A y B, con sus subgrupos C y D, me serán suficientes para seguir adelante con el análisis deseado, en mi búsqueda por entender el cómo y el cuándo de la creación del Idishe Corleone.

Entonces bien, regresando a la generalización, hay un proceso que le es común a cada persona que abandona "su" lugar en pos de otro nuevo. Este proceso se llama adaptación. No se lo puede clasificar de modo tal que cada individuo que canbia de país pasa absolutamente por las mismas facetas, los mismos pasos, los mismos sentimientos, ya que es un proceso tan personal como irrepetible. La adaptación es personal porque aun cuando dos seres humanos experimenten una misma vivencia, nunca será exactamente la misma para cada uno de ellos, pues cada uno viene con su propio conjunto de creencias, costumbres, expectativas, conocimientos, visiones y todo lo que nos hace ver las cosas como las vemos - llamémosle, mochila socio-cultural. La adaptación es irrepetible, porque aun así vivamos más de una (por caso, cambiar más de una vez de país), nunca una será ni remotamente parecida a la anterior o posterior, pues todas esas mismas variantes antes mencionadas, hacen de cada una de ellas un suceso único, que comienza en un único momento determinado del tiempo y el espacio. Con respecto al fin, este puede nunca llegar, ya que considero que la adaptación, así como la madurez, pueden bien ser un proceso eterno o, mejor dicho, tan largo como toda la vida.


La Metamorfósis, de Franz Kafka

Establecido, pues, el concepto de adaptación, decidí realizar una investigación acerca de cuáles eran mis sentimientos, pensamientos, preguntas y respuestas; en definitiva, cuáles eran mis experiencias, en el comienzo de mi camino en Israel, que pueden o no servir de base para entender cómo se gestó el Idishe Corleone, cómo nació y se desarrolló, cómo generó esta línea de pensamiento que hoy vuelca en palabras cuando se alberga en la cómoda frialdad del ciberespacio que le permite juzgarlo todo y a todos.
Dicha investigación comienza con la lectura, análisis y posterior publicación de una serie de escritos archivados en forma de cuaderno, que datan desde el año 2002 a 2004, cronológicamente acomodados y agrupados bajo el título "Una de cal, una de arena ó la vida en el auto-exilio".

Me pareció sumamente interesante poder entender, a través de dichos escritos, con que mochila socio-cultural llegué a este país; que a la vez dará cuenta de cómo se ha transformado con el correr de los años para, inevitablemente, llegar a su actual versión. De lo que puedo dar fé, es que con los años voy aprendiendo a elegir el contenido de la mochila, ya que aun queda largo camino por recorrer... para qué cargar con peso demás entonces, no?

En el próximo post, un recuento de los mejores escritos, para quien quiera emprender junto a mí este viaje a los oscuros recovecos de la mente enferma de un tipo sano, o la mente sana de un tipo enfermo.

La Inevitable Vanidad (de uno de mis seres)

Con motivo de la creación del tan mentado blog que quería tener, desde hace ya un tiempo, pensé que debería escribir algo a modo de prólogo; una especie de introducción o advertencia de lo que va a venir. De modo que, cuando me levanté esta mañana, luego de un sueño recurrente -muy vívido- que suelo tener de vez en cuando, se me ocurrió que lo mejor que puedo brindar a modo de explicación para todo aquel que se encuentre del otro lado, es confesarme... aqui voy, pues.

Conviven en mi varias entidades vitales o, como a mi me gusta llamarles, personitas adentro de mi cabeza. Siempre me han dicho que los geminianos tenemos dos lados, dos caras, dos personalidades; sim embargo, con el correr de los años, he descubierto que hay muchas más. Normalmente conviven en total anarquía (no confundir con caos, como yo solía hacer), sin ser conscientes de que convivencia, en su definición, implica una relación mutua y equivalente de dar y recibir; caso contrario deberá ser llamado por su nombre, dictadura.
Ahora bien, de todas estas personitas moviendo palancas y apretando botoncitos, se encuentran dos que sobresalen del resto. Tienen un poder de convencimiento y un liderazgo que les son innatos y de esta manera logran que "la masa" de las personitas les sigan en sus cruzadas. Estas, por supuesto y de modo consecuente con quienes las lideran, son absolutamente opuestas y excluyentes: si hay una, no puede estar la otra. Y es tal su naturaleza porque quienes alzan cada bandera, son enemigos mortales. Quizá sea este el principio mismo de mi polarización de personalidad o, si se quiere, esquizofrenia, locura, o como gusten ustedes llamarle (cualquier relación con el abuso de drogas pesadas durante mi adolescencia puede estar, o no, directamente relacionada con este fenómeno). No lo se.

Lo que se, es que cuando escribo, generalmente, es una de estas dos personitas quien dirige la batuta. Es por eso que, desde ya, me disculpo de antemano en caso que alguien, con el correr de los posts, se vaya a sentir ofendido o identificado con el contenido publicado. Verán, estos dos tipos son antagónicos, como dos mejores viejos amigos que un día uno se cogió a la mujer del otro, y ya no hubo vuelta atras. Estos tipos no se pueden ver (probablemente porque no existen fuera de los confines de mi cerebro), nunca van a coincidir y están armados y son peligrosos... para mí, claro. Ustedes están a salvo de ellos, pero no de mí. Tal es el motivo de esta explicación. Entonces no debería de sorprenderles si en el futuro fueran a toparse con incoherencias, contradicciones, sentimientos cruzados, falta de claridad; desprendidos de las líneas del texto.


Cada máscara representa un lado y, a la vez, esconde algo más...

Para quienes estén interesados en conocerles un poco más, les contaré que a mi me gusta llamarlos Bueno y Malo. Lo clásico nunca falla, je. Pero cualquiera de nosotros que ha nacido ya sabiendo de la existencia del mítico símbolo chino Ying Yang, sabe que bien y mal están lejos de ser tan unilaterales como para poder aclamar que toda acción realizada por un malo es, en consecuencia, mala; así como no se puede asegurar que toda acción realizada por un bueno es, en efecto, buena. Podríamos tomar un paso más aventurado dentro de esta discusión, al preguntarnos: qué es bueno y qué es malo... el cigarrillo hace mal a la salud, pero es bueno para los nervios (además de hacernos ver extremadamente cool), sería solo un ejemplo de como esto es nada más que la punta del iceberg. Pero quedémonos solo en la punta, pues, para analizar entonces, quién ha sido el responsable por este post...

A veces no me doy cuenta ni yo mismo, quién está a cargo en un preciso momento; pero supongo, a juzgar por el título, que es el que cree que sabe escribir. El que cree que tiene un sinfín de cosas que decir/escribir, que sabe como hacerlo y que todo el mundo va a leer y pedir más. Seguramente es él el que tomó la posta, el que se hizo todos los tatuajes, el que cree que es lindo e importante, el que se cogería a si mismo si tan solo eso fuera posible. Ah, que cuál de los dos es, el Malo o el Bueno?
Bienvenidos a mi mundo. Bienvenidos a Idishe Corleone.